Los Cacaos, la esperanza del agua

Una de las habitantes de Los Cacaos, Haití (Jesuit Refugee Service/USA)

Para llegar a la población de Los Cacaos hace falta una camioneta rústica y fuerza de voluntad, porque en este pueblo del oriente de Haití– cercano al paso fronterizo de Pedro Santana– las vías son apenas transitables y las condiciones no pueden llamarse “de vida” sino de sobrevivencia.

Hasta hace un año a Los Cacaos sólo se podía acceder a pie. Quizás por eso a los más de 32 mil habitantes de la zona les costaba tanto llevar a sus enfermos a un centro sanitario cuando el cólera llegó a estas tierras. Pero tres misioneras de la Congregación de las Dominicas llegaron a Los Cacaos y, luego de muchas dificultades y trámites, lograron abrir caminos con la ayuda un tractor. Hoy esas mismas misioneras promueven, con el apoyo de la comunidad, el Servicio Jesuita Internacional y algunas donaciones particulares, la construcción de un acueducto para llevar agua potable a toda la zona.

“Otra historia de monjitas queriendo salvar a los pobres”, quizás piense algún desprevenido. Pues se equivoca de plano. Estas misioneras no vinieron a Los Cacaos a “salvar” a nadie. Llegaron más bien para ofrecer una respuesta a la situación del pueblo haitiano luego del terremoto de enero de 2010, pero siempre de la mano de la propia comunidad, que se erige dueña de sus decisiones. No vienen a sustituir la labor del Estado, pero sí a ofrecer una alternativa concreta en medio de las urgencias.

Con apenas alimento en la barriga, los habitantes de Los Cacaos se reúnen cada día en diferentes grupos de trabajo, recolectan piedras en el río que luego montan sobre sus cabezas, y suben empinadas colinas hasta llegar al lugar donde estará ubicada la represa. Después cavan la fosa para que pase el acueducto y el resto de sus fuerzas sirven para reforestar la cuenca del río que en un futuro cercano les dará de beber.

En un comienzo, las misioneras dominicas conocieron al pueblo de Los Cacaos, creando vínculos y articulando con otras organizaciones que trabajan en alguna de los siete sectores que componen la comunidad. Luego del terremoto, el número de habitantes se incrementó debido a que muchas familias migraron hacia las comunidades fronterizas en búsqueda de mejores condiciones de vida en la ya de por sí empobrecida frontera dominico- haitiana.

Las familias de Los Cacaos sobreviven de la agricultura de corte y quema, sin medios a su alcance que garanticen un mínimo desarrollo socioeconómico, en condiciones de hacinamiento y con nivel de ingreso familiar muy inestable. A esta situación se sumó  la llegada del cólera a Haití y la constatación que el 75% de las familias de Los Cacaos no tenían baño ni letrina, además de que el agua que consumen y utilizan para aseo es del río Artibonito, lugar donde comenzó la propagación de la enfermedad.

Así, la estrategia no sólo contempló la construcción del acueducto para la comunidad, sino también un trabajo de salud preventiva, construcción de pozos sanitarios de emergencia, acondicionamiento y dotación mínima del hospital local (que se encuentra a cinco horas a pie de la comunidad). A pesar de esto, las necesidades continúan siendo inmensas. La población de Los Cacaos vive en la pobreza más cruel. Esa que no permite saber qué comeré al día siguiente, que mata con la enfermedad más tonta, qué no ofrece ninguna oportunidad de crecimiento y menos de desarrollo personal y social. Por eso, cualquier  apoyo al trabajo que realizan las misioneras dominicas sigue siendo más que urgente.

 

10 agosto 2011 |

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