Las sombras de la rendición de cuentas (1 de 5): Un discurso alejado de la realidad

Luego de la alocución pronunciada por el presidente Leonel Fernández, el Centro Bonó comparte una serie de entregas denominada “Las sombras de la rendición de cuentas”, que busca mostrar la visión alternativa al país del progreso y la modernidad que se intentó presentar desde la presidencia del país.

En primer lugar, felicitamos la existencia del mecanismo de Rendición de Cuentas como espacio donde se reúnen los poderes Ejecutivo y Legislativo para dar fuerza a la frágil institucionalidad de nuestro país.

El Presidente presentó el discurso de Rendición de Cuentas más largo en estos últimos 8 años de gobierno, con una duración de dos horas y treinta y siete minutos, en lo que se constituyó como el dibujo de un país de fantasía, pero que desde nuestra perspectiva está alejado de la realidad.

Entendemos que se lleguen a conclusiones falsas cuando el razonamiento también se basa en falsas premisas. Evaluar al Gran Santo Domingo –que es por demás la región más desigual del país- desde la altura de un helicóptero le hará vislumbrar una modernidad que sólo existe para reducidos sectores de la población.  Porque el “Nueva  York chiquito” que el Presidente tiene en su mente no toma en cuenta las condiciones de exclusión y desatención que viven los barrios más empobrecidos de todo el país, ni las inmensas carencias de servicios a las que se ven sometidos sus habitantes fruto de la degradación de las políticas sociales y el descuido de las autoridades.

Cualquier persona sensata –y que viva en la República Dominicana- no puede aludir a conceptos como progreso y modernidad tomando en cuenta los niveles de ventas en las mayores cadenas de tiendas y supermercados del país, lugares a los que los más empobrecidos no tienen acceso. ¿Somos más modernos por tener electrodomésticos en casa? ¿Somos más prósperos con solo construir elevados y edificios? Son preguntas que el Presidente debe responder al país.

No es lo mismo producir riqueza que utilizarla para reducir la desigualdad, esa que nos obliga a ser testigos de cómo la mayoría de los/as dominicanos/as van en carretas mientras un pequeño grupo anda en Mercedes, como bien dijo el Presidente. Un Estado que se preocupa de verdad por aplicar políticas públicas universales cumpliría con la Ley de Educación y procuraría producir empleos dignos para todos y todas. Un Estado Social de Derecho no convierte a su población en clientes fijos a través de programas perpetuadores de la pobreza como la Tarjeta Solidaridad. Un Estado preocupado por la vida digna de sus habitantes no les vende “la ilusión dominicana” basada en el consumo como fantasía a alcanzar.

Por otro lado, el discurso de Rendición de Cuentas, en lugar de ser un acto dirigido a toda la República Dominicana como espacio de contraloría y transparencia, se convirtió en un mitin de cabezas agachadas y aplausos complacientes.

Finalmente, el Presidente insistió durante su alocución en presentarse como paladín de las soluciones del país, con un discurso mesiánico, de padre protector y benevolente que mira desde las alturas y sana al enfermo, utilizando de forma lastimera y humillante a personas humildes como argumento y testimonio de una “exitosa” gestión gubernamental, lesionando una vez más la frágil institucionalidad de una nación cansada de la desatención de las necesidades estructurales más urgentes.

29 febrero 2012 |

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