Haití bajo la tormenta Isaac

Afectados por la tormenta

Desde el inicio de la semana pasada,  la Dirección de la Protección Civil, organismo estatal dependiente del Ministerio del Interior de Haití, había avisado a la población sobre la llegada de la tormenta Isaac que amenazaba con convertirse en huracán. Al mismo tiempo, se habían difundido las informaciones meteorológicas a través de los medios de comunicación públicos y privados. Incluso se habían enviado informaciones a los usuarios de todas las líneas telefónicas del país.

Bien se sabe que Haití es uno de los países ubicado en el Caribe que, cada año, está afectada por varios huracanes. Tanto el país como la misma población haitiana son muy vulnerables a las catástrofes naturales. Ante la llegada eminente de la tormenta Isaac, el viernes 24 de agosto, el Centro Nacional de  Meteorología  había decretado la alerta roja en todo el país. El gobierno no sólo alertó a la población para que tomara las  medidas preventivas; el mismo presidente canceló un viaje a Japón que tenía programado para el 27 agosto con el fin de concentrarse en responder  a los problemas que podría causar la tormenta Isaac. Frente a los fuertes vientos que se registraron el mismo viernes 24, el gobierno había prohibido la salida y la llegada de todos los vuelos desde y hacia el país.  Entre otras medidas, el gobierno había identificado algunas viviendas provisionales, en caso de que hubiera personas damnificadas. De igual modo, el gobierno había puesto a disposición de cada comuna (Alcaldía) la suma de 2 millones de gourdes o sea alrededor de cincuenta mil dólares (50 000) americanos para implementar el plan de prevención de riesgos y protección de las vidas.

De todos los departamentos del país, el Sureste, que resulta siempre afectado por huracanes, y el Oeste, que aún no se ha recuperado de los estragos del terremoto del pasado 12 de enero de 2010, fueron los más vulnerables. Según un primer reporte del Departamento de la Protección Civil, después del pasaje de Isaac se ha registrado en todo el país un total de 24 muertos, 3 desaparecidos, 42 heridos, 335 casas destruidas y  3632 damnificados principalmente en el Sureste y el Oeste.  Ahora bien, trataremos de ver cómo está la situación en los campos de la zona metropolitana después de la tormenta Isaac.

Situación en  los campos desplazados

De la noche del 24 al día 25 de agosto, todo el país y particularmente el departamento del Oeste fueron afectados por vientos violentos que causaron muchos daños, entre ellos, la destrucción de los árboles,  los cultivos, los cables eléctricos, los techos de varias casas. Desde la madrugada del sábado 24, las fuertes lluvias inundaron las calles y provocaron la crecida de los ríos. Las tiendas de la población desplazada en los campos que ya estaban en un estado de deterioro no pudieron resistir a los embates del tiempo.

El sábado por la mañana,  fiel a su misión de acompañar a las personas desplazadas principalmente en las situaciones de tragedia o de emergencia, el equipo del Servicio Jesuita a Refugiados de Haití (SJR-Haití) se movilizó y se dirigió a los campamentos  que acompañamos. Antes mismo de llegar a los campos, fuimos a nuestra oficina y nos dimos cuenta con gran sorpresa que el techo de la bodeguita que compartimos con Fe Alegría fue arrancado, y las cosas que teníamos almacenadas dentro de ella fueron mojadas; pues, nos preguntamos si la bodega que fue bastante fuerte fue arrollada por los vientos, se puede imaginar qué desastres pudo haber ocurrido en las tiendas de campaña y las casitas en lonas de los desplazados.

Al llegar a los campos, observamos que varias tiendas fueron derrumbadas y muchos desplazados se quedaron de nuevo sin techos ni un lugar para dormir, y el agua invadió completamente los campamentos.  Muchos de ellos se refugiaron de manera provisional en espacios que la Alcaldía había puesto a la disposición de los damnificados de manera provisional.

Luego, nos reunimos con los comités de coordinación de los campamentos, quienes nos contaron que la población desplazada no podría dormir por la noche porque casi todas las tiendas estaban destruidas. El responsable de Henfrasa nos dijo en la reunión:” Ahora no queremos  entrar en la lógica de distribución de tiendas, porque si se tiene que dar tiendas hay que darlas a toda la gente que son 673 familias que se quedaron sin techo”.

La situación en los campos es desastrosa; hay lodazales por todas partes, los techos de varias letrinas y de la cocina de la escuela pre-escolar que el SJR construyó en Automeca fueron afectados. Lo mismo ocurrió en la escuela del campamento de Turgeau.

A partir del sábado por la tarde, cesó un poco la lluvia; sin embargo los vientos siguieron, aunque a un ritmo de menos intensidad. Al mismo tiempo, el gobierno autorizó la reanudación de los vuelos hacia Haití y se anunció que el país estaba fuera de los peores peligros que se esperaban. No obstante, la población vulnerable está muy afectada por los impactos de la tormenta y sigue con grandes preocupaciones. Hasta el día de hoy, varios desplazados intentan reparar sus tiendas.

Las necesidades más urgentes  de la gente y perspectivas

Antes de la tormenta, los campos estaban ya en una situación de mucha precariedad, ahora se multiplican las necesidades: de tiendas, de comida, de agua potable, de colchón para dormir, de botas, kits higiene,  camisas en plástico, lámpara de bolsillo y sobre todo lonas para el techo.

En fin, la tormenta ha causado muchos daños en la población más vulnerable y se ha evidenciado la vulnerabilidad de todo el país. Si bien supo alertar a la población para que tomara las medidas preventivas e identificar a varios lugares estratégicos para ubicar rápidamente a los damnificados, el mismo gobierno no tiene los  medios para satisfacer las necesidades básicas de la gente damnificada.

La tormenta Isaac ha agravado la situación económica de muchas familias. No sólo los techos sino los cultivos  de muchas familias han sido destruidos.  La problemática de las viviendas sigue siendo un rompecabezas para la mayoría de la población.  Se espera también, como consecuencia de ello, un aumento de la emigración y también un incremento del número de las víctimas del cólera. Los desplazados están viviendo en condiciones lamentables, su vida está amenazada, y ya no cuentan con el apoyo de las ONGs, mientras que el gobierno haitiano no tiene los recursos necesarios y suficientes para atender a esta población.

A dos años y medio del  terremoto  del 12 de enero de 2010, cerca de una tercera parte de los desplazados o sea 432 000,  según la OIM, siguen  viviendo en los campos debajo de las tiendas o las lonas.  Las promesas hechas a Haití por la llamada comunidad internacional tardan aún en concretarse. Ante esta situación, no se sabe cuándo será el cierre definitivo de los campos; pero no se ve en perspectiva una respuesta del gobierno haitiano en vistas a la relocalización humana y digna de todos los desplazados. Lo que es cierto es que  los campos no reúnen las mínimas condiciones para que los desplazados puedan vivir con dignidad; constituyen un foco de vulnerabilidad que convierte en desastre cualquier evento natural.

El SJR invita a la población desplazada a ser vigilante y, ante la escasez de recursos, a desarrollar la solidaridad entre ellos para hacer frente a situaciones difíciles. Del mismo modo, el SJR invita  a la gente que dispone de más recursos y de mayores posibilidades económicas para que ayuden a las personas desplazadas más necesitadas, en particular, los grupos vulnerables.

El SJR-Haití se compromete a seguir acompañando a la población desplazada haitiana para que su dignidad sea respetada, buscando mejorar junto con ellos sus condiciones de vida.

30 agosto 2012 |

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